Conspiraciones y rebeliones en el siglo XIX: la revolución del Cuzco de 1814
LA REVOLUCION DEL CUSCO DE 1814 291 Transcurrió pues el tiempo hasta el 9 de noviembre disminu– yendo en la común opinión, con el examen, aquella enormidad que un acaecimeinto de esta consideración, suele persuadir a .primera vista cuando otro individuo no de mejor conducta que el prime– ro, denunció de que estaban dispuestos cosa de seiscientos hom– bres por un hermano ele los susodichos presos para atacar la fuerza armada, señalando por punto de reunión una casa situa– da en la misma p laza, distante cincuenta pasos del cuartel. Sin noticia de este Ayuntamiento, y sin hacer la menor dili– gencia para descubrir la verdad, reunió vuestro Gobernador en su casa algunos sujetos no ele los más adecuados para prestar un dic– tamen de que resultó que al anochecer sin una advertencia que aquietase los espíritus en tan extraordinaria novedad, se cerra– sen las diez boca-calles que tiene la Plaza Mayor en que está el cuartel con soldados armados de fusil con bala, siendo muy digno de notarse que debiendo buscarse medios de sorprender a Jos se~ diciosos en el lugar prefijado, se hiciesen preparativos en contra– rio, como si de estudio hubiese sido el intento embarazarles Ja en– trada para dejar sin comprobante el delito, y el que se hubiese fiado la custodia de la avenida principal, a un Don Agustín Ante– zana que con Ja divisa de Teniente Coronel acaba de llegar sin destino de su patria Cochabamba, donde había servido contra las armas de V.A. con el crédito de Capitán hasta sufrir la derrota de Amiraya, con escandalosa injuria de tanto benemérito hijo del país, que tenía acreditada su fidelidad 'y patriotismo en con– trarrestar el sistema de aquel nuevo campeón. Giraba la gente buscando su ordinario ingreso y regreso ca– si inevitable por la topográfica situación del lugar, y al tropezar con tan inopinado accidente, se fueron haciendo grupos de toda clase, que inquiriendo su origen, sólo encontraban por respuesta la violenta e insultante repulsa de los soldados. En este acto se presentó el Teniente Coronel Don Mariano Ugarte a requerir con urbanidad a los agolpados por la parte guardada por el expresado Antezana, y contestaron que la nove– dad los había reunido, y que estaban prontos a retirarse si se sus: pendían las temerarias providencias con que se manchaba el buen nombre de la Patria; entre tanto iba aquél atento a Ja orden con– siguiente a tan juiciosas reflexiones, dispararon un fusil a que se siguió el silbido e ignorante algazara de la plebe, únicas armas que impelieron al Comandante, a hacer dos o tres descargas con– tra la multitud curiosa, causando heridos y muertos en un número que no es fácil asegurar a V. A. porque los primeros lloraron en
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