Conspiraciones y rebeliones en el siglo XIX: la revolución del Cuzco de 1814

LA REVOLUCION DEL CUSCO DE !814 461 rrir prontamente al castigo de este Eclesiástico, no menos que al escarmiento de otros, que atrevidos observen semejante conducta, se reciba inmediatamente sumaria información sobre estos hechos y que para ello se llamen testigos que puedan declarar sobre estos particulares, y sobre otros que tengan trascendencia al mismo ob· j.::to, sin perdonar diligencia alguna que baste a esclarecer lo que se le ha informado, pues su innata fidelidad al Soberano, y el amor a la justicia no puede folerar semejantes procedimientos en persona alguna, y mucho menos en los sacerdotes, que son luz y guía de los pueblos, y que por lo mismo se hacen más criminales cuando olvi· dados de las obligaciones de su alto ministerio se separan de los caminos de la verdad y de la justicia a presencia de aquellos, a f;uienes deben edificar. Y como de la delación de un testigo ha re– sultado que el Padre Fray José Zabalaga Misionero del Colegio de la Villa de Moquegua es sabedor de la conducta del expresado Re– cavarren e'1 este particular, ha proveído auto con esta fecha, inan· dando Ciar, y librar, como efectivamente da y libra toda la comisión bastante, y la en derecho necesaria, y cuanta para ello se requiera <tl R. P. Guardián de dicho Colegio Fray Jaime Macip, para que ha– ga comparecer ante sí al expresado Padre Fr. José Zabalaga, y haga que declare bajo la religión del juramento cuanto sepa en este par– ticular, o haya oído y evacuado que sea la diligencia que deberá practicarse con el mayor secreto, y sentarse a continuación de este auto, dijo asimismo S. S. l. que se le remitiese a la más posible brevedad, cerrada y sellada, y por conducto seguro, y al efecto man– dó librar el presente, firmado de su mano y refrendado por ante mí el infrascrito su Secretario de Cámara y Gobierno, de que certifico. Luis Obispo de An:;quipa (Rúbrica) José Apolimir Suárez (Rúbrica) Secretario de Cámara En la Villa de Moquegua, a los primeros días del mes de agos– to de mil ochocientos y quince años, el R. P. Guardián del Colegio de Padres Misioneros Fr. Jaime Macip, llamó al P. predicador Fr. José Zavalaga, en cumplimiento del superior auto de su Señoría Ilustrísima, y habiendole preguntado bajo la religión del j1.1ramen– to. El que hizo in verbo sacerdotis tacto pectare, qué conversacio– nes tuvo con el Doctor Don José María Recavarren en el patio de Santa Catalina, dijo: Que habiendo ido al dicho monasterio de San·

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