Conspiraciones y rebeliones en el siglo XIX: la revolución del Cuzco de 1814
LA REVOLUCION DEL CUSCO DE 1814 605 las armas del rey, y a sentir la pérdida de los héroes que los ti– ranos del Cusco sacrificaron a su furor. Desde el 15 de marzo anterior han sido frecuentes y exactas las noticias que han lla– mado nuestra atención 4acia las márgenes del río de Umachiri, para recordar con asombro los prodigios de lealtad, valor y entu– siasmo con que el ejército del señor Mariscal de Campo Don Juan Ramírez, se coronó de nuevos laureles en la memorable y decisiva acción del once de dicho mes, escarmentando decenares de milla– res de indios, reunidos con el fin de dislocar estas provincias de la dominación del mejor de los soberanos el señor Don Fernando VII, para inmolar después su criminal encono contra las demás castas, tantas víctimas, cuantos habitantes comprende este dila– tado hemisferio fuera de la raza de los mismos indios. Si este aserto os parece exagerado, traslado arequipeños, vuestra imagina– ción al pueblo de Sicuani, donde el ingrato, el infame Pumacahua desenvolvió, en la causa que se le formó el horroroso cuadro de sus proyectos delineado sobre el exterminio de toda cara blanca, de– biendo ser Arequipa el primer teatro de sus infernales designios. Me– ditando por un instante en que ésta habría sido irremisiblemente nuestra suerte, y extendiendo vuestra consideración a la funesta idea de que habríamos desaparecido todos con nuestras mujeres y nuestros hijos, sin merecer los auxilios espirituales tan necesa– rios a la consecución de nuestro último fin, penetraos todos de los beneficios que debéis a los defensores del rey; y de la verdade– ra libertad, y seguridad de los pueblos que esencialmente consis– ten en la sumisión a las sabias leyes de la gran monarquía espa– ñola, y descended desde estos principios al examen de los sacri– ficios que se han empleado para afianzar nuestra conservación. Ved al ejército real marchando desde esta ciudad en la estación más r igorosa de las aguas, padeciendo en campaña todas las in– clemencias y penalidades del tiempo, y haciéndose superiores a todos los riesgos con una serenidad que era preciso la hubieseis observado ocularmente para conocer el heroísmo de esos cam– peones, que pasando el río de Umachiri con el agua hasta el cue– llo, sin que les sobresaltase el fuego incesante que les hacía el enemigo, combatieron casi desnudos hasta disipar toda la fuerza de los insurgentes. Ya que es impracticable que podáis ser testi– gos de estos extraordinarios sucesos, leed con meditación los de· talles que nos han transmitido nuestros libertadores, y ellos os convencerán que aun las mujeres han hecho sacrificios dignos de eterna memoria, ayudando, con olvido de la imbecilidad de su se– xo, a los atletas, que impertérritos estuvieron decididos a vencer
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx