Conspiraciones y rebeliones en el siglo XIX la revolución del Cuzco
162 LA REVOLUCION DEL CUZCO DE 1814 Incontinente la parte de los interesados, ante el señor Al– calde de Primer voto, presentó por testigo al D. D. Pablo Juan de Alosilla y Arguedas, Abogado de las Reales Audiencias del Reyno y del Ilustre Colegio de la Capital de Lima, cura propio y vicario de la doctrina de Macarí de este Obispado, de quien su merced por mí el escribano le recibió el juramento que lo hizo in verbo sacer– dote tacto pectare, so cargo del cual ofreció decir la verdad de lo que supiere y fuere preguntado, y siéndolo al tenor del escrito presentado por dichos electores dijo. Que en el día siete el mes ac– tual, corno ciudadano perteneciente a la parroquia Matriz, se di– rigió el declarante a las diez y media del día al convento de la Merced lugar designado para la votación de Electores, que advir– tió en el patio principal de dicho convento una general aclamación por la libertad de los Doctores Dn. Rafael Arellano y don Manuel Borja los que estaban_en estrecha prisión en los calabozos del (f. 11) cuartel, y que observó alguna resistencia de parte del M.I.S. Presidente, hasta que las reiteradas instancias del pueblo le pre– cisaron a expedir las respectivas boletas de libertad, y durante esta diligencia parte del pueblo se trasladó al Cuartel casi con despecho a libertar a los enunciados prisioneros; de suerte que si no hubiesen mediado los sagaces encarecimientos del señor ase– sor D. Pedro López de Segovia y demás principales vecinos con– currentes que procuraron sosegar el irnpetu de las gentes, cree el declarante había un trastorno considerable con desacato a la per– sona del señor Presidente de la Votación. Que así mismo declara haberse tranquilizado el pueblo a la vista de los reos, continuando con la votación con un modo y subordinación propio carácter de los vecinos de esta ciudad, que nada más respiran que lealtad al Soberano, obediencia a los Magistrados, atención y respeto a nues– tra Santa Constitución. Que habiendo vuelto por la noche, vió al pueblo tranquilo y sosegado, escuchando con un semblante li– sonjero la publicación de votos celebrando la elección, y rindiendo gracias al señor Presidente de la votación tanto por la libertad de los reos, cuya fianza la otorgaron a nombre del pueblo los señores Dn. Domingo Rozas, Dn. Martín Valer y don Juan José Olañeta; cuan– to porque también le agradó a dicho señor la votación de los (f. 11 v. ) enunciados cinco electores. Que esta es la verdad so cargo de juramento que tiene hecho, y siendo leída esta su decla– ración de principio a fin se afirmó y ratificó en ella expresó que no le comprenden las generales de la ley y la firmó con su mer– ced por ante mí de que doy fe .
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