Conspiraciones y rebeliones en el siglo XIX la revolución del Cuzco
LA REVOLUCION DEL CUZCO DE 1814 167 tivamente han ejecutado atropellando la guardia de prevenc10n, rompiendo puertas y rejas, y trayendo como en triunfo al arres– tado al mismo Congreso. Es~e primer ensayo de los cuatro díscolos que quedan cita– dos, les ha hecho contar con la docilidad del pueblo para todos sus designios. De aquí es que instalado el Cabildo constitucional a satisfacción de los autores de esta primera novedad, comenzó a declarar la guerra a todas las auto- (f. 29 v.) -ridades, aspirando a hacerse superior a ellas, distinguiendo siempre al Tribunal en sus atentados. Al momento dejó las bancas, que conforme a la ley y al ceremonial aprobado por V.M. usaban sus Capitulares, y comenzó a usar de canapés forrados de terciopelo, guarnecidos de galones de oro, sin embargo de la contradicción que en punto le hizo el Tribunal. El Cabildo Eclesiástico ha seguido las hue– llas del Secular, negándose al cumplimiento del propio ceremo– nial con los Ministros en las funciones de tabla, hasta el punto de verse precisado el Tribunal, para evitar consecuencias ruido– sas, a proveer un auto en que suspendía su asistencia a las dichas funciones hasta la resolución de V.M., a quien ha dado cuenta. En estas circunstancias debilitado el ejército Real con la derrota que su vanguardia sufrió en Salta, se veían cada día más dispuestos los ánimos al sistema destructor y subversivo; cuya idea confirmó la delación que en 9 de octubre del año ya citado tuvo el Gobernador político Dn. Martín Concha de la reunión de varios sujetos que se preparaban al asalto del cuartel, en donde existía toda la fuerza pública, y por consiguiente al trastorno y subversión del Gobierno. Se arrestaron con este motivo a los delatados; pero no por eso dejó de emprenderse la repetición de su intento el 5 de noviembre siguiente; lo que fue así mismo im– pedido por la aprensión de los principales autores y por la v1g1- lancia del Gobierno, aunque no sin algún derramamiento de san– gre ocasionado por el obstinado empeño de los rebeldes. Se les formó a éstos su causa con más lentitud y lenidad que la que permitía su naturaleza, pues se puso en libertad a al– gunos bajo (f. 30) de fianza, y disfrutaron otros en su arresto una comunicación libre entre sí con los de afuera; y de modo que tu– vieron tiempo y proporción para formar el plan que ejecutaron la noche del 2 al 3 de agosto, embriagando antes la Tropa, e inte– resando en su facción a varios de los oficiales, haciendo de Jefes en este infame atentado Gabriel Bejar, José Angulo y Manuel Men-
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