Conspiraciones y rebeliones en el siglo XIX la revolución del Cuzco
LA REVOLUCION DEL CUZCO DE 1814 169 consejos; y Carrascón por su conducta y papeles sediciosos, que publicó para fomentar este sistema, e inflamar a los revoluciona– rios; todo esto, no solo ha vista y ciencia del Prelado, sino con su aprobación. El único medio, Señor, que se presenta a este Tribunal pa– ra reformar un Clero, que ha causado tantos escándalos a este Pú– blico, y perjuicios a V.M., es poner a su frente, subrogándolo en lugar del obispo, al vicario de la villa de Paucartambo Dr. Dn. Antonio Bustamante, de sesenta años de edad, y de más de treinta en el ministerio de cura, (f. 31) hombre verdaderamente eminente en virtud y sabiduría, que en esta tan funesta crisis, y con un ejem– plo de tanto influjo en todos los de su clase, tuvo la fortaleza de sostener la causa de V.M. en público y familiarmente del modo más enérgico; respetándolo sin embargo por sus virtudes el mis– mo obispo y el Jefe de los rebeldes, sin que por ello se atreviesen a procesarlo, como lo han hecho con otros, cuya opinión sin duda perjudicaba menos a sus ideas. El influjo de los Ministros del altar sobre fieles ignorantes es tan imperioso, que ' se puede decir con verdad que jamás se separan de sus direcciones y consejos. Toda esta provincia se ha– lla en esa sumisión; y jamás se logrará inclinar los corazones de estos vasallos al amor a V.M., sino se forman Pastores que los atraigan a él. En esta capital hay un Seminario que bien sea por descuido de sus inmediatos Directores, o porque los alumnos ven en su primer Jefe una conducta contraria a esta obligación polí– tica, descubren unas ideas poco favorables a este propósito, cuyas semillas cuando llegan a ser Pastores, se desenrolan de un modo muy perjudicial. La fuerza de las armas impedirá una explosión como la que acabamos de experimentar; pero su conservación es muy costosa y poco conforme con el paternal amor de V.M. ; por lo que la reforma del clero secular de estos dominios la considera el Tribunal como la piedra angular de la subordinación cordial a V.M. , y de que termine esa muchedumbre vergonzosa de cléri– gos ignorantes y de pésimas costumbres, que son a un tiempo el oprobio de su estado, y el resorte de los movimientos de la plebe. Por lo que jamás será sobrado el desvelo de V. M. y de sus (f. 31 v.) Ministros en el nombramiento de obispos que tengan las virtudes apostólicas que requiere este ministerio, y una edad a propósito para su desempeño. Y aunque el clero regular no tiene en los pueblos un influjo tan general por no tener más que unos pocos curatos, conforme.
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