Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

INVASIONES INGLESAS EN EL RIO DE LA PLATA 15 ovejuna, fácil de oprimir y de pisotear. Grupos de pueblo mal armados, pero atrevidos y presuntuosos, con los migueletes a la cabeza,. permitíanse proximidad peligrosa a los parapetos del enemi– go, ofendiéndole y retándole. Sonó un tiro en las avanzadas del Fijo, que en otras circunstancias habríase tildado de imprudente; y luego en los grupos de los migueletes, otro y otro y otro. Los anglos enfu.. recidos, retornan la hostilidad. El choque se extiende y generaliza a lo largo de las filas del paisaje, que bravamente acometido, pide ayuda y protección a Liniers. La señal está dada. El bizarro jefe acu– de, y empéñase de tal manera la acción, sangrienta y general. Dividido el diminuto ejército montevideano en dos cuerpos, pe– netra paralela y simultáneamente por las calles hoy nombradas de San Martín y de la Reconquista, mientras las espesas nubes de vo– luntarios que siguen y rodean a Liniers, con los montoneros de Puei.. rredón por guía y nervio, túmbanse en oleadas por las avenidas de la Victoria, Bolívar y Rivadavia. La Ciudad se corona de humo, y un trueno perenne y aterrador retumba sobre el perímetro y por los alrededores de su plaza: las torres de la catedral ofrécense como los mástiles de un navío, hundido entre las olas embravecidas y envuelto por los torbellinos de espuma que empina la tempestad. Beresford· se bate heroicamente y a pie firme; pero las cataratas en que por dondequiera brota la excitada muchedumbre, rematando y utilizando las brechas que, desde la víspera, rasgaran en las manzanas circun– yacentes, ya no sólo anúncianle el inevitable abrumamiento del nú.. mero, sino que amenazan cortar sus comuunicaciones y apoyos sobre la fortaleza, en que a su vez pelean como leones los escoceses del 71; y así vése en la dura necesidad de abandonar las arquerías del Ca– bildo y de la Recoba Nueva primero, para refugiarse en la Recoba Vieja después; y desamparar en seguida ésta última, en cuyo frontón central destácase, a la manera de un semidiós, la serena figura del desesperado Beresford, para encerrarse en la fortaleza y en ella, tras los muros y fosos de defensa, concentrar los desmedrados efec.. tivos de las huestes anglicanas. Colma la plaza el pueblo. El bullicio es indefinido. Aquel mar de cuerpos humanos se precipita camino del fuerte. La brega es acre en ese punto. Truena una explosión: es una de las minas socavadas por los catalanes Esteve y Sentenach. Las almenas se coronan con una bandera blanca. Resuena en todos los ámbitos un mugido de gozo: luego, el grito de victoria. Liniers despide un parlamentario: su edecán, Hilarión de la Quintana,\ tan sesudo como valiente.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx