Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
16 GERMAN LEGUIA y MARTINEZ X Beresford pide que se le permita embarcarse con sus soldados, armas y demás elementos. El parlamentario de Liniers bien instruí– do por éste, rechaza perentoriamente la pretensión, y plantea, como condición única, la rendición inmediata. El general inglés, impotente para seguir combatiendo y estrechado por todas partes, se ve en la necesidad de ceder, y se rinde discrecionalmente, así librado, con los suyos, a la sola generosidad del vencedor. Liniers se constituye en el fuerte con sus principales jefes, recibe a Beresford en el rastrillo de ingreso, lo acoge amistosamente, y presencia con él la salida de las huestes vencidas, que entregan emocionadas sus banderas y sus armas en la arquería del cabildo bonaerense. El pueblo hácese así de 1,600 fusiles, 36 cañones, cuatro morteros, cuatro obuses y abun– dantes municiones y repuestos. Beresford y Pack obtienen la ciudad por cárcel, bajo palabra de honor; los otros oficiales son internados en Catamarca, Córdoba y Mendoza; y los soldados, dejados en liber– tad. El regocijo público frisa en la locura. Liniers transformado en un ídolo asume, por aclamación unánime, la autoridad suprema militar, que se le discierne en Cabildo abierto ( 13 de agosto); se deja el ejercicio del gobierno civil a la audiencia; se rechaza desairo-– samente al virrey Sobremonte, que, llegando del interior, pretende reasumir su cargo, y que pasa por el bochorno de haber de seguir a Montevideo, con los dos millares de milicianos cordobeses que en su precipitada fuga ha logrado levantar pobre y colecticiamente; se trasmite a las dem~s colonias la nueva de la victoria que concita el entusiasmo continental; y el poeta López y Planes canta la gloria de su patria en el poema heroico "El triunfo argentino"; obra en la que, por vez primera, se da a los platenses este último nombre, bautizo de un gran pueblo, naciente de un solo vuelo a la luz y a la dignidad de los pueblos viriles; pueblo que, al fin, pasmado de sí mismo, conocedor de su vida y de su potencialidad, siéntese desde ese instante, capaz de defenderse y de gobernarse a sí propio, y no tardará de sacudirse y emanciparse de todo extraño poderío. XI El brillante día de agosto ha sido, en efecto, una revelación. Una colonia lejana, desarmada, sorprendida y ocupada intempestivamen– te, sin la menor noticia ni sospecha del golpe que se le ha preparado, pónese, en solos cuarenticinco días, en aptitud de aplastar a sus invasores, por sí misma, sola y abandonada a sus exclusivas fuerzas.
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