Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

18 GERMAN LEGUIA y MARTINEZ cántabros, catalanes (o migueletes), gallegos, y montañeses, que, ora por limitación de número, ora por aristocrática tendencia de clase y jerarquía sociales, enrolaron en sus filas a los hijos de las familias acomodadas, y reconocieron por jefe al alcalde del cabildo, acauda– lado y copetudo chapetón don Martín de Alzaga, predestinado amo– rir en un cadalso. La muchedumbre del pueblo y de la clase media voló a llenar los efectivos de la masa que, con la denominación de legión patricia (o patriótica), constituyó, apoyado por Liniers, el de– mócrata vecino don Cornelio Saavedra; legión superabundantemente crecida, que hubo de distribuirse en regimientos, humildemente cla– sificados por el color o la procedencia; y así hubo un batallón de arribeños o provincianos del interior, comandados por Pró de Gaona; otro de mestizos, morenos, pardos, etc., de Buenos Aires, a órdenes de J. R. Baudrix; los dos preexistentes, vencedores del 12 de agosto, intitulados batallón de dragones y batallón del Fijo; y una legión de caballería, compuesta de pampeños o gauchos, en que entraron, como escuadrones sueltos, los montoneros ya fogueados o húsares de Pueirredón, los húsares de Herreros, los de Núñez, los de Vivas y los nombrados Migueletes del Alto. XIII Mientras t anto, Inglaterra ardía en cólera y soberbia al saber la nueva de la capitulación de Beresford. Incontinenti preparóse pa– ra la venganza. Después de destituir y procesar a Popham, reempla– zado con el almirante Sterling, por haber expuesto a desmedro la honra y gloria del Imperio, y causado, sin orden alguna, la destruc– ción de efectivos que se necesitaban en Europa, despidióse una expedición de más de nueve mil hombres a órdenes de Sir Samuel Achmuty, cuando ya otros mil trescientos veteranos, enviados por Davis Baird, acudían precipitadamente con igual destino, desde la Colonia del Cabo, a la que Popham, por navío expreso, había de– mandado auxilio, inmediatamente después de la capitulación de agos.. to. Estas últimas fuerzas, comprendiéndose impotentes para una nueva invasión, siendo, como eran inferiores a las ya derrotadas de Beresford, desembarcaron en la isla de Gorriti y en la costa de Mon– tevideo, frente a Buenos Aires (Maldonado),y allí acamparon, en espera de las que desde Europa, conducían Achmuty y su segundo Crawford. Llegados estos generales, acordaron, después de bien conside– radas las cosas, asaltar primero a Montevideo, que, aunque bien fortificado y guarnecido por unos cinco mil hombres (comprendidos en ellos los dos mil r eclutas de Sobremonte), estarían probablemen-

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