Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

20 GERMAN LEGUIA y MARTINEZ mer extremo -la aprehensión de Montevideo - preparánronse para dar cima al segundo; el castigo y la esclavización de la orgullosa Bue– nos Aires. XIV El 6, al saber la noticia de lo acaecido en la ciudad fronteriza, la metrópoli platense congregóse enfurecida y, dando un paso más hacia la autonomía, pronunció en cabildo abierto la destitución de Sobremonte (10 de febrero). Preso éste en las cercanías (24), y ex– pulsado en ignominiosa forma (17 de febrero) fue inmediata y po– pularmente sustituído por Liniers, a qúien esa especie de plebiscito discernió, aunque sin el título virreinaticio, la plenitud de la autori– dad. Esto era, realmente, el gobierno del pueblo por el pueblo, con prescindencia de la metrópoli, si no del todo desconocida, echada a un lado de hecho por el imperio mismo de los casos y por la urgencia de las circunstancias. Los criollos, o sea el pueblo, constituían lama– yoría, y en el citado cabildo abierto habían impuesto su voluntad. Si la tradición, dice un autor, estaba en manos de los españoles, la fuerza, el número, quedaba en manos de sus antiguos colonos. "Por mucho que el interés común de la defensa y el peso del peligro tu– vieran unidos en el mismo esfuerzo a criollos y europeos, en el fondo estaba abierto un abismo; y era ya cuestión entre ellos la de quien había de quedar en el poder de gobernar. Liniers era cabeza y cau– dillo de los primeros: Alzaga, cabeza del cabildo y caudillo de los segundos . Uno y otro quedaban a la mira de los sucesos, para desem– bozarse y combatirse: los dos aspiraban a sustituír a Sobremon– te". (25) El problema se había planteado dilemáticamente, y su resolu– ción, cuestión de tiempo, estaba prevista: despejada la incógnita de la ecuación desenvuelta, su valor residiría en la emancipación y la libertad. Un nuevo gloriosísimo triunfo, iba a conspirar a ese re– sultado. (24) En Pabón, lugar a donde, con dos compañías de infantería y una de caballería, comandadas por el jefe del cuerpo de vizcaínos Pedro Mur– guiondo, dirigiéronse al oidor Manuel Velazco y d06 regidores, para hacer efectiva la detención y llevar al detenido a Buenos Aires, donde quedó asegu– rado en el edificio de la Recoleta. V. Torrente, op. cit., vol. 1, pág. 15- Cam– ba, Memorias, t. 1, pág 4 (25) V. F. López: Compendio de historia argentina, vol. 1, pág. 271, nota.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx