Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
INVASIONES INGLESAS EN EL RIO DE LA PLATA 21 XV Mientras Buenos Aires prepárabase para rechazar cualquiera nueva invasión, los proyectos encaminados a la consumación de ésta revestían ve:J;dadera gravedad. Nuevas tropas inglesas, conducidas a Montevideo por el general Whitelock, nombrado general en jefe de )a expedición, habían hecho subir los efectivos anglos a 14,000 hombres, unidas, como ya lo estaban, las tropas del Cabo, las de Crawford, las de Achmuty, y, en fin, los cinco mil hombres más traí– dos por Whitelock. Con cifra tan respetable de combatientes, con generales como esos tan expertos y probados en las luchas del otro continente, y con la suma de elementos acopiados en la plaza ven– cida a la orilla opuesta del Plata, nadie pensó allí sino en vencer, en arrollar cualquiera resistencia inútil de los vencedores del 12 de agosto, que positivamente habrían de verse en situación desesperada. A fines de junio de 1807, esto es, a los cuatro meses de tomada Mon– tevideo, quedaba todo listo y expedito para dar el salto; con lo cual, efectivamente, Whitelock presentóse frente a la Ensenada y desem– barcó en ella el 28, sin que poder alguno atreviérase a impedir o di– ficultar el desembarco. Realizado éste, el general Gowe fue despedido con una división de vanguardia, seguida luego por1el grueso de los agresores. Eran éstos 13,000: los otros 2,000 habían quedado en Montevideo, guarne– ciendo y asentando la fácil conquista de aquella plaza. XVI El 29 y el 30 de junio pasáronse en movimiento de descubierta y observación. Gower estaba ya en Barracas. Whitelock avanzaba lentamente en idéntica dirección. Los bonaerenses, poseídos de la solemnidad del peligro y del momento, descansaban en la valentía y en la estrella favorable de Liniers. Era éste, con todo, un buen marino y un bravo, mas nó un general, capaz militarmente de afrontar y disponer una batalla en tierra, estrategia para la cual no estaba para dicha condición de aquel jefe, ofrendando al enemigo, con ventajas facilísimas, la grata ilusión, felizmente engañosa de la victoria final. Y, en efecto, el 1? de julio, contando con batir primeramente a la vanguardia de Gower, Liniers sacó a gran parte del paisanaje en filas y formó provocador frente al campamento de la vanguardia inglesa, hacia Barracas, en el paso denominado el Riachuelo, o sea sobre el reconstruido puente de Gálvez. Gower movióse resuelto, y parecía que la acción preliminar iba a empeñarse, cuando, con gran
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