Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

22 GERMAN LEGUIA y MARTINEZ sorpresa del comandante en jefe bonaerense se vió que el adversario hacía un esguince de conversión hacia la izquierda, con el propósito de embestir la población, huérfana de la mayoría de sus tropas, por el lado de los corrales del Miserere (hoy plaza 11 de setiembre). Visto ello por Liniers, que por supuesto midió la extensión de la supuesta amenaza y de sus consecuencias, alzó premiosamente el campo en protección de la ciudad, con precipitación rayana en el des– varío; con susto y desastrosa confusión para las tropas, que marcha– ron parcial y desordenadamente; y aun con abandono de elementos preciosos en esos instantes. Ingleses y argentinos, llegados simultá– neamente al Miserere, hubieron de chocar (2 de julio). Gower, en hábil maniobra, coge a su rival por el flanco izquierdo, lo empuja, lo oprime y lo desbarata. Los cuerpos regionales colecticios huyen dis– persos y despavoridos camino del poblado. Su artillería cae en manos del vencedor. Liniers escapa a uña de. caballo y, no pudiendo ya reunirse con las fuerzas que vienen detrás, va a dar a la Chacarita. Gower, sin obstáculo que le impida avanzar, puede coronar en el acto la conquista de la afligida población, en esos momentos entregada a un desbarajuste y un terror inimaginable; pero, dichosamente para la causa de aquélla y para la de América, detiénense, en cumpli– miento de las instrucciones y órdenes que ha recibido, y planta tien– das en Miserere, sin seguir adelante. . . Aquel rasgo de severa disci– plina da espacio y tiempo a los atacados para reponerse: Buenos Aires se ha salvado! XVII Júntanse las autoridades y deliberan, multiplícanse los grupos, domínase el pánico traído por los trozos de fuerza que ha impelido el descalabro; el vecindario, febril ante el próximo riesgo, dedícase día y noche a la excavación de hoyadas y fosos, a la construcción de albarradas y reductos, a la ocupación y refuerzo de torres y techos, acopio de víveres y demás providencias y previsiones del caso. Manzanas y calles adyacentes a la plaza mayor, conviértense en una red de zanjas, trincheras y brechas, de~tinadas a disputar el terreno a sangre y fuego, palmo a palmo. Quien no está en los parapetos, previénese en su domicilio, el arma lista para vomitar humo y plo– mo por ventanas y balcones, o desde azoteas y desvanes. Un sólo espíritu, un ímpetu uniforme, palpitan en todos los corazones, em– papados en una esperanza secreta, firme, del buen éxito. Una vez más se verá que un pueblo decidido a ser libre es invencible, in– conquistable. Alzaga, con los munícipes que le obedecen, es el eje y centro de aquella combustión. creése ya dueño del porvenir, eli-

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