Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
SEGUNDO CRUCERO DE LORD COCHRANE 637 exacta, contra la cual nada valen las afirmaciones gratuitas de terceros: "Las balsas expone, tenían dos pisos; estaba (como las autóctonas) construídas con grandes maderos, de las dimensiones de los durmientes que se emplean en las explanadas de las baterías; y su piso superior estaba elevado únicamente un pie de la superficie del mar"; descripción que se completa y corrobora con las palabras de aquel apreciabilísimo nmemógrafo, cuando, al dar cuenta del fra– caso y de sus circunstancias concurrentes, refiere que "fallaron las bragaduras del afuste (del mortero), y con gran dificultad pudieron conservarse unidos los maderos de que se componía la balsa, per– diendo mucho tiempo en reparar el mal estado en que habían que– dado sus amarras y trincaduras" (18). Con su "indisputable osadía" (19), esta "vanguardia de fuego" (20) penetra arrogante y de frente hasta unos mil metros de distan– cia. Los buques se detienen; largan sus balsas, que continúan ade– lante, remolcados ya por simples botes, y se colocan a sólo ocho– cientos metros del objetivo, con sus oficiales y marineros provistos de salvavidas (21), en previsión de cualquiera eventualidad. Los españoles, que pasan los días en plena vigilancia, y más que todo las noches, rompen en furioso cañoneo sobre los buques y balsas del enemigo, que en ~1 acto inician, por su parte, el lanza– miento múltiple de los cohetes cacareados. Bombas y balas rojas, prohibidas éstas en los usos de la guerra, por su alevosía, pero en este caso disculpadas por el género de hostilidad, no menos avieso y feroz, empleado por los patriotas, llueven sin tregua y simultánea– mente de todas las naves y fortalezas realistas, muy especialmente de los castillos de San Miguel y de San Joaquín. Las lanchas caño– neras que manda el general Vacaro, secundan aquel cañoneo infer– nal. La infantería, tendida en pelotones a lo largo de la ribera con los coroneles Cevallos, Escalera y Rodil, desde el actual barrio de Chucuito hasta la boca del Rímac, despliega su sábana de proyectiles menores, no menos desastrosos para adversarios que tan cerca se han colocado de esa secundaria línea de fuego, y fuego nutrido. Los atacantes disparan sus cohetes, envueltos ya en una verdadera y terrífica cortina de fuego. Sólo que esos cohetes resultaban meros alardes de hermosa e inofensiva pirotécnica. Los unos vuelan ilumi– nando las tinieblas del espacio y tocan en el blanco sin estallar; los (18) Memorias cits., vol. I, pág. 200. (19) Camba, op. cit., vol. I, pág. 313. (20) Bulnes, loe. cit. (21) "Hechos, dice Mitre, de hoja de lata, en forma de petos de coraza y llenos de aires": loe. cit.
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