Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
184 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ ''Considerando, -decía la primera- que el honor, la seguridad y el interés de la marina chilena dependen enteramente del talento y la experiencia de su actual comandante en jefe; y que los sentimien– tos de respeto y confianza ilimitada que hacia él tenemos, no pue– den ser transferidos a otra persona; resolvemos: 1? hacer dimisión de nuestros empleos: 2? devolver al gobierno nuestros despachos, por conducto de nuestro almirante; y 3<? acompañar ambos docu– mentos de una carta que exprese nuestros sentimientos, firmada por todos aquéllos cuyos nombramientos se incluyen y devuelven".- Si– gue la suscripción de veintidós oficiales. La comunicación, a su vez decía así: - "Milord: - La inquie– tud y el general descontento que la dimisión de V.E. ha causado en los oficiales y demás individuos de la escuadra, es una elocuente prue– ba de lo mucho que la ingrata conducta del gobierno de Chile lastima a cuantos tenernos la honra de servir bajo las órdenes de V.E.- Los oficiales firmantes de la adjunta resolución, teniendo a menos ser– vir por más tiempo a un gobierno que con tanta facilidad pudo ha– ber olvidado los importantes servicios prestados al Estado por V.E., suplican a V.E. se sirva permitirles hacer, como hacen, entrega de sus nombramientos o despachos, a fin de que V.E. se digne en– viarlos al ministro de marina. Obligados a retirarnos de este modo del servicio, nuestros votos más ardientes serán siempre por la liber– tad y la prosperidad del país".- Siguen las mismas veintitrés fir– mas del acta. Comunicación exactamente igual a esta última fue escrita y pre– sentada a Cochrane por cinco de los capitanes de los buques de guerra (14) . (14) ~'Los únicos capitanes que no firmaron (dice el lord, como ya lo dijimos nosotros) fueron Guise y Spry; aquél, por hallarse arrestado; y éste por estar resentido conmigo, a causa de no haber querido admitirlo como mi capitán de bandera''.- Op. cit., pág. 76.- Añade que, ''mientras se acep– taba su dimisión, continuó el equipo de la escuadra con el mayor ardor, para que no se le tachase de descuido en el cumplimiento de sus deberes''; y que ~'retuvo los despachos devueltos'' por los jefes y oficiales renunciantes a su vez, 11 para no excitar el descontento público y no exponer al gobierno a un con– flicto para el que no estaba preparado". Cierto, sólo que Cochrane previó bien que su maniobra habría de traerle el efecto que deseara, y en verdad que muy otra habría sido su conducta, si la renuncia hubiese encontrado acep– tación. En este último extremo, es seguro que el lord hubiera atizado la re– beldía de sus subalternos, hecho abandonar definitivamente los buques por los jefes, oficiales y marineros partidarios suyos, y dejado así al gobierno de Chile virtualmente sin marina y sin armada. ¡Bueno era el volcánico lord para deshacerse en abnegaciones y generosidades!
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