Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
ALVARAüO ENSAYAN 189 cay; producíase en combirwción con algún otro cuerpo competente de tropas desprendido de Asnapuquio, o con la fatalidad del ejército real. Sea de ello lo que fuere , ocurrió que Valdés empezase a consu– mar su "diversion táctica hacia el N. E. por Chancaillo, camino de Sayán, favorecido por la yerma lamería de médanos móviles que demora entre Chancay y Huacho, alzada como un muro entre los lechos del Huaura y del Chancay (22 de noviembre); pero no esta– ba aún a mitad de camino, cuando recibió expreso de Lima precep– tuando la suspensión del movimiento, y mandando el inmediato re– greso al acantonamiento de vanguardia. Mal de su grado, obedeció Valdés (23 de noviembre) precisamente en los momentos en que Alvarado recibía igual prescripción de retirada a Supe, a donde llegó el 24 (5). Era que Pezuela, por su parte, imaginó el avance de Alvarado, no una nueva invasión sobre la sierra, practicada ya dichosamente por la división volante de Arenaies, sino otra distin– ta y peligrosa combinación estratégica de San Martín, dirigida a atraer, engañar y sacrificar la división de vanguardia realista de Chancay, en punto completamente aparte de su objetivo, de su directriz y de su centro; o una mera operación ficticia destinada astutamente a alejar de la costa aquella división escogida y respe– table, para, con el grueso de las huestes patriotas y utilizando el imperio exclusivo que éstas tenían sobre el mar, efectuar una sor– presa y descargar algún golpe certero sobre la capital. Apenas el comandante divisionario español tornó a sus acanto– namientos, Alvarado reconstituyóse a los suyos de Huaura; pero ya no para continuar al interior, sino para mantenerse en plenas observación y vigilancia, del lado N.E., en protección de la retirada de Arenales, a quien suponíase en marcha hacia la costa, y, por lo visto, dejábase entregado a su destino, caso de correr algún riesgo con la cercanía de las fuerzas de Ricafort. Pezuela, para maniatar a Valdés, cuya osadía le preocupaba y cuya inquietud bien conocía, hizo llamamiento a Lima de los dos batallones pertenecientes al regimiento Infante don Carlos, del es– cuadrón de caballería Dragones de la Unión, y del batallón Arequi– pa. Según esfo, en Cliancay no queaaron más fuerzas realistas que las, bisoñas todavía, del escuadrón Dragones del Perú; del batallón Numancia (6) y de las dos piezas de artillería. (5) Miller, Memorias, t . I, pág . 254 . (6) Ya completo, según se expuso en el § VI, cap. VI de esta obra .
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