Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

192 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ Era el 29 de noviembre, fecha precisa en que San Martín anun– ciaba la salida de esta columna y manifestaba su objeto al minis– tro de la Guerra de Chile Don José Ignacio Centeno. V, Súpose en Recuay, el propio día, que, mandado por el virrey a la cabeza de unos setenta veteranos, hallábase en Ruarás hacía más o menos un mes, el coronel español don Clemente Lantaño, ocupado a la sazón en el reclutamiento de un nu,evo batallón, y en la organización y disciplina de las milicias del lugar. Dependiendo el éxito de la velocidad y la sorpr{isa, Campino tomó el mando directo de los cincuenta cazadores montados de su cuerpo; puso el resto (doscientos hombres) a las órdenes de su se– gundo, teniente coronel don Pedro Uriondo; y, sin permanecer en Recuay más tiempo que el estrictamente necesario para dar ran– cho y obsequiar un pequeño descanso a esa tropa, avanzó inconti– nenti sobre Ruarás. Era la hora en que Lantaño, en la plaza pú– blica, ejercitaba tácticamente a sus milicianos y reclutas, por su– puesto con la cooperación y ayuda de los soldados de línea que habían ido a sus órdenes. Dividida en pelotones la gente realista ·para instruir o para instruirse; dejadas las armas de la mayoría en ei cuartel (casi abandonado, si bien próximo); sin la menor noticia ni sospecha del movimiento y avance que en esos instantes efectuaban los dos jefes patriotas - el desorden y el pánico hu– bieron de ser incontenibles en el acto de presentarse éstos en las calles del pueblo. Dada la voz de alarma por un centinela español, los milicianos diéronse a inmediata fuga; y los reclutas aprovecha– ron la ocasión inesperada que se les ofrecía~ para escapar de manos de sus secuestradores. Aunque los soldados veteranos (que, como sabemos, eran setenta) volaron hacia su cuartel en pos de armarse y resistir; con todo, no tuvieron ya espacio ni tiempo para conse– guirlo, porque simultáneamente caían sobre ellos los cazadores, montados de Campino, que, abandonando sus cabalgaduras, em– bistiéronlos a la bayoneta. Cuartel, armas y municiones fueron to– mados; dos oficiales y sesenta y siete soldados de línea, capturados prisioneros ( 12); y los milicianos y reclutas buscados en los cami– nos o en sus escondites, y enrolados en el número 5, que, en mes y medio más, completó, con la leva de costumbre fas ochocientas plazas que había iCio a obtener. Con ellas reconstituyóse Campino, (12) Miller, Memorias, t. I, pág. 251'.

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