Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
56 GERMAN LEGUIA y MARTINEZ Hecho todo ello, Arenales, al frente de sus tropas, emprendió camino el 2 de diciembre, seguido hasta las afueras, por los aplau– sos y votos ardientes del pueblo de Tarma. No sin pena abandonaron los soldados independientes aquella población, bella aunque irregularmente ubicada sobre su valle lar– go, si estrecho; mansión templada, salubre, rica en productos, y en extremo risueña, con sus arboledas copiosas y su multitud de caseríos y quintas, que, como arrabales suyos, desparrámanse a una y otra falda, en el seno de la quebrada triple a cuyos dominios se asienta. VIII Grandes eran el cuidado y la pensión en que, _especto a la suer– te de la división Arenales, habíanse puesto, entretanto, los patrio– tas de Lima y aun el propio San Martín. Los primeros, muy especialmente Riva Agüero, ocupados a la sazón en procurar y conseguir la defección del Numancia, preten– dían apresurar ésta última, para que el batallón fuese, por la sie– rra de Huarochiri en demanda y refuerzo de la división penetrado– ra, expuesta a "mil riesgos, con que los patriotas, según Mariátegui poníanse a temblar" (14). El patricio en cuestión refiérenos las impresiones que en ese entonces poseían el corazón de los independientes limeños al con– siderar el gravísimo peligro corrido por los soldados de la división volante, a quienes suponían cercados a la vez por las tropas de O'Reilly, Montenegro, Jiménez, Cárdenas y Ricafort. "Iba, dice, esa división a describir una curva de lea a Ayacuchos valle de Jauja, Tarma, Paseo y Cajatambo, y descender por allí a Huacho. ¿Y qué eran setecientos hombres ( 15), sin movilidad y sin recursos, rodea– dos por todas partes de enemigos, y cuando les debía ser retira– do todo auxilio? Los riesgos eran grandes; las probabilidades, todas, a favor de los enemigos: el desaliento nos abrumaba. El pa– dre Carrión, del Oratorio, era el que más temblaba. Un día le oímos decir: Para el buen éxto de esa expedición, es preciso que los solda– dos tengan alas. Van a pasar por países muy cortados, y por serra– nías escarpadas; a carecer de recursos y hasta de alimentos, por– que todo lo quitarán los españoles; y, en una quebrada, en un mal paso, pueden ser destruídos" ... (16) (14) Anotaciones, cits. pág. 27 . (15) Sabemos que no eran 700 hombres, sino 1138, muy poco menos del número que llevaba Ricafort. (16) Id. id. loe. cit.
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