La rebelión de Túpac Amaru

LA REBELION DE TUPAC AMARU 243 de combenga de mandato judicial, y pedimento de parte doy la presente en esta ciudad del Cuzco, en dies y nueve de Julio de mil setecientos ochenta y uno. - y en fe de ello lo firmo. - · Thomas de Gamarra Escrivano Público. Pedimento - Muy Ilustre Señor Visitador General. El Bachi– ller Don Josef Rafael Sauaraura Tito Atauchi, clérigo Presvítero do– miciliario de esta Diosesis Peruana, hermano legítimo de Don Pedro José Sauraura Tito Atauchi, quien murió en el Pueblo de Sangarará en servicio de Su Magestad, Sargento Mayor que fué del Batallón de los nobles, de las ocho parrochias de esta ciudad, Casique y Governador confirmado por el Superior Gobierno de las parcialidades. Cuzco, y Moyna, en el Pueblo de Oropesa, Provincia de Quispicancha, puesto a los pies de Vuestra Señoría Muy Ilus– tre, con aquella beneración y respeto, que <levo, como mas haya lugar en Derecho paresco y digo: Que siendo tan notorio al Rey– no la consternación que experimento esta ciudad, por la amenaza– da sublevación que sus ocultos tradores quisieron hacer, pues sus tan repetidos pasquines indicaron su fatalidad, combidando por ins– tantes al rústico bulgo para el estrado, de suerte que sus morado– res se vieron precisados a ocultar sus bienes, por tener a riesgo sus vidas. Sus jueces y oficiales militares a ponerse en defensa, desti– nando soldados todas las noGhes para custodiarla y reservarla de cualquier repentino insulto que causar pudiera, la oculta traición armada. Se viene p~es a la vista, que con diligente aviso, como se dió al principio por mi hermano, no se hubiera cortado la Raiz de este Cancer, cauterizando a tiempo oportuno, u curado en su origen con remedios tan eficaces la destrucción, la ruina el estra– go huviera sido tan execrable que daría el tiempo grande memo– ria para lo lamentable en lo futuro. Pues saliendo a luz sus siete confederados sería como una siempe, por ser sus columnas ot:as tantas, que batirian la ciudad, y sus Provincias, y como encontra– rian en ella la ninguna resistencia por abansada, tomarian en bre– ve el territorio por suyo, y siendo los unos mas sobresaliente que los otros en la contienda, pretendería cada cual ser solo en el se– ñorío concluyendo a sus Naturales mas balerosos, como atestiguan las causas de los siete ajusticiados; y con aquel odio abominable que esta inculta gente ha demostrado haver tenido a la amable Nación Española, sería tal su ruina por sangrienta, que en los siglos benideros causaría tal lástima su fatalidad. Supuesta la se– dición en este estado tan deplorable imagine Su Señoría Muy Ilus– tre como cosa sin remedio de destrucción de todo el reyno, la di-

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