La rebelión de Túpac Amaru: antecedentes
526 LA VERDAD DESNUDA 78.-Mucho persuade, Señor, lo dicho; pero el suceso que voy a referir aún es más notable. Don Francisco de Areta, europeo, Cu– ra de Belille, fué insultado de los indios en su doctrina, luego que llegó a ella la conmoción, y defendiéndose mató algún otro; mas no obstante, fué prisionero de Túpac Amaru, con un Don Francisco Pé– rez Oblitas, Ayudante de Cura en Marcapata. Este se apoderó de una carta que en un pedazo de bretaña escribió el Rebelde a su pa– riente Don Antonio de Ugarte, vecino de esta Ciudad, sobre la re– belión. Llegó a Tinta vuestro Inspector General Don José del Va– lle con su ejército, y consultó Oblitas con Areta si le entregaría la carta. Areta lo persuadió que estaba obligado a hacerlo; lo ejecutó así, y se vinieron ambos al Cuzco después del arresto del Rebelde. El Obispo los agasajó mucho y con especialidad a Areta, quien sin embargo de la muerte que había hecho como fué en una defensa forzada ni se consideró delincuente; ni el Prelado, aunque lo su– po, le dijo nada sobre la materia, y celebró misa muchos días sin reparo. Tuvo noticia después vuestro Reverendo Obispo de que por consejo de Areta había presentado Oblitas al Inspector la carta; sin otro antecedente ni motivo fulminó censuras contra ellos, declaran– do irregular a Areta, y diciendo públicamente era por la entrega de la carta; mandando además que éste saliera inmediatamente pa– ra su Curato, como lo verificó; no obstante hallarse infestada de enemigos la Provincia; y a Oblitas lo tuvo arrestado en su casa más de mes y medio. Este hecho lo ha presentado vuestro Visitador Ge– neral, y ha llenado de escándalo a toda la Ciudad y sus inmediacio– nes con razón; porque ¿,quién no se ha de escandalizar de ver exco– mulgados a dos sacerdotes sin más causa que haber practicado un acto de fidelidad al Rey con la exhibición de la carta de un Trai– dor, y declarando irregular a otro que, defendiendo su vida, perpe– tró una muerte? El Obispo sintió mucho la manifestación de aquel dqcumento por ser dirigido a Don Antonio de Ugarte, su íntimo y parcial> en unos términos que podían aclarar sus maquinaciones y secretas inteligencias; y por eso persigue con tanto encono a Obli– tas y Areta, cuando éstos se muestran más fieles vasallos del Rey, al mismo tiempo que está patrocinando descubiertamente a un traidor como Maruri. Pero, con todo, aún viendo vuestro Visitador General un testimonio tan auténtico de la infidencia de este Prelado, no ha hecho novedad en su trato y estrecha correspondencia. 79.-Algunos prudentes, a vista de estos procedimientos, y no pudiendo persuadirse que al Visitador se le oculten las tr~idoras in– trigas de vuestro Reverendo Obispo, creen que se conduce con una política muy fina, por no tener fuerzas para el remedio; mas como
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