Los ideólogos: plan del Perú y otros escritos

DISCURSOS 463 ranos de la Europa al comercio. Detestemos los celos, los derechos excesi– vos, limitaciones, reconocimientos rigurosos, aduanas pesadas y molestas, Todos nuestros frutos entren con un derecho pequeño, igual en todas las Repúblicas nuevas y salgan sin ninguno, a no ser el oro y plata sellada o en pasta 25 . Regla general, los gobiernos americanos prestarán la mayor protección al Comercio, mezclándose en lo muy indispensable únicamente y sin apropiarse parte alguna. Quedan para siempre proscritos los Estan– cos y compañías privilegiadas. Yo contemplo aquí una ley de Derecho de Gentes, tener puertos bien habilitados, muelles, diques, faroles, puentes, canales donde el terreno y ríos lo permitan, caminos anchos y cómodos. Quien hubiere leído mi peque– ño libro titulado Plan del Perú, verá cual es la triste situación de mi patria tanto en éste como en otros puntos. Creo muy bien que lo mismo podrán decir los representantes de los demás Estados. Horrorícese la naturaleza; en el puerto de Huanchaco no hay mes o tal vez semana en que no mueran uno o dos hombTes ahogados. La tasca ha sido una sangría consentida. El indolente español no quiso habilitar un puerto cercano, lo que podía haber hecho con muy poco costo. El cielo permita que no continuemos su crimi– nal apatía 26 • Que unos pueblos que carecen de los medios de facilitar sus tráficos, no pueden tener bien cultivadas sus tierras, en buen orden sus fábricas, ni lograr oportunamente los Tetornos, es cosa tan evidente que sería una demencia gastar el tiempo en probarlo. 900 mil libras esterlinas costó el canal de Languedoc ¿en cuánto no excede su utilidad? En Bour– deaux el precio del puente es de muchos millones para aligerar un camino. Nada se excede en valor cuando se toca un resultado provechoso. Inglate– rra parece que tocó su grado de perfección, no obstante hoy medita en caminos de hierro con coches de vapor. ¿Quién numerará la ganancia con estos medios? Son los ciudadanos ricos y con ellos la patria 27 • Jamás fui de opinión de comenzar por lo más perfecto. Este es el mo- do de que nada se haga. Fijemos la vista en lo mgente. o se consienta que ninguna República se desatienda de tan intere antes puntos. Los má sabios economistas ya demuestran que el aumento del comercio en un Es– tado, lejos de perjudicar a otro ante le aprovecha. Entre nosotros hay ra– zones particulares para el bien general. Nos conviene que todos seamo ricos y fuertes para que seamos Tespetados. Los grandes caminos y canale deben costear e por las Repúblicas co– municándose unas a otra lo trabajo que se han de emprender para con- 25 Yo avanzaría a decir que no se pagasen derechos por las mutuas in– troducciones de productos am~ricanos. 26 Se me asegura que el honorable Prefecto Don Luis Orbegoso está construyendo uno con la mayor eficacia. Todo debe esperarse de su celo y actividad. 21 Sabemos que se trata de un nuevo y prodigioso canal.

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