Los ideólogos: plan del Perú y otros escritos
DISCURSOS 473 prostituta que serán perdonada sus debilidades, al avaro que no son pe– caminosas sus usuras, al ambicioso que está compensada la sangre que hizo derramar. No consienten que aparezcan otras religiones, y que se haga el cotejo de costumbres, buena fe, moderación, benevolencia, y piedad verda– dera. Les conviene impedir este paralelo, y levantar muros más altos que los que se cuentan de Babilonia. Les conviene fortificaTse con ejércitos de fanáticos que presenten sus armas a los amantes de la sabiduría. Yo creo con Millot que cuanto más sagrado y respetable es el ministerio sacerdotal, más atentos debemos estar a sus abusos. ¡Quien me diera talentos y voces para explicar mis ideas! El clero intolerante no puede convenirse con el sistema republicano. Conoce que los hombTes han de ser ilustrados. En el acto que lo sean, sabrán distinguir en la corona de hierro el oro y el me– tal vil que se le mezcló. Respetarán la religión, pero sujetando a los mi– nistros del Culto en los estrechos límites de sus funciones. Ciertos de los males que causaron, tomando parte o apropiándose de los negocios públicos, el templo será su Tecinto, y un paso fuera de él un enorme crimen. Es por esto que no quieren se ofrezca a nuestra vista otras sectas, en que el sacer– dote orador de la verdad y la justicia e un sumiso ciudadano, un padre de familia honrado y pacífico. Sacerdotes decididos poT la tolerancia, sacer– dotes discípulos de Jesucristo, unid vuestra sagrada voz a la mía para ha– cerla respetable, y que se me atienda en el día más interesante y feliz que se presentó a la América. ¡Qué rubor! ¡Que gentiles del Indostán crean que todos los cultos son gratos a Dios, y que la pureza del corazón es la gue los hace más o menos aceptables, y que nosotros con diversos y más altos conocimientos queramos ser intolerantes y opTesores! Vanidad ciega suponer que pensamos de mejor modo que los demás. El hombre debe servir a Dios, como dice Vattel; su razón es su guía, este servicio y esta guía no pueden renunciarse por ningún pacto social. Pero yo aún no he tocado lo que más interesa. Carecemos de pobla– ción, de ciencias, de artes somos un pueblo nuevo salvaje que ha salido de las mazmorras y cuyos pasos serán lentos, inútile y tal vez imposibles si los quiere dar por sí mismo y sin el auxilio extranjero. Necesitamos con– vidar a los habitantes del resto del globo, con nuestra tierras, nuestras mi– nas, nuestros montes, nuestra hermanas nuestras hijas. ¿Y será nuestra voz atendida si las privamos de la religión que prnfe.,san ellas y profesaron su mayores? ¿Una religión que conocen la única y cierta. Al que cree en la eternidad nada se le puede dar en compen ativo del inmenso bien que es– pera. Distingamo los claustro de las grandes ociedade . En estas los fines ~on la tranquilidad la abundancia en e ta el gobierno propende a amino– rar en cuanto sea posible la limitacione que e pu ieren a la libertad na– tural para establecer el pacto social. Un régimen en que el hombre sea el má libre al mi mo tiempo el má seguro en su prnpiedades, erá sin duda el má dicho o de cubrimiento el má interesante el más digno de la
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