Memorias, diarios y crónicas

ANOTACIONES A LA HISTORIA DEL PERU INDEPENDIENTE 145 plañideras qué se hicieron? ¿Las había en Lima? Soy bastante anciano, nací en el siglo pasado; yo no las he visto, jamás he oído que las hubiese en tiempos anteriores. Para encontrarlas es necesario re– currir a la antigüedad. Aun en España no existían y si el autor abre el Diccionario de la lengua castellana encontrará que eran las mujeres llamadas y pagadas para ir llorando y acompañando en los entierros. El que en seis tomos publicó la Academia, dice en la palabra plañidera: "Si se usaran ahora plañideras en los entierros, como en otros tiempos, las pudieran llevar a que cantasen". Esto se escribió en el año pasado de 1737. Desde hace siglo y medio ha– bían desaparecido las plañideras en la península. Poco se usarían cuando la conquista. Esta costumbre tiene siglos de antigüedad y el señor Paz Soldán, puede verlo en Aulo Gelio. Así se expresa este autor: "Yo gramático, me ocupo de los preceptos de la moral prác– tica y vosotros sólo habláis como Catón de registros mortuorios. Recogéis palabras, oscuridades, frivolidades de plañideras de entie– rros". Aun en tiempo de este filósofo romano, que según se dice nació en tiempo de Aureliano, ya lo de plañideras eran cuentos ridículos. Nótese que puede ser que en algunos pueblos del depar– tamento de Arequipa se hubiesen conservado las plañideras hasta fines del siglo pasado y que el autor las hubiese colocado en esta capital, para causar molestias con sus ridículos y comprados ayes en diciembre de 1821, cuando publicaron San Martín y Monteagudo su decreto. En el año de 1808 se concluyó la obra del panteón, gracias a la vigilancia que todos desplegaron para su terminación, y en ese año dio el Virrey el reglamento respectivo sobre este cementerio. Por supuesto que se prohibió sepultar cadáveres en las iglesias y el estreno se hizo llevando el del finado Arzobispo [Juan Domingo González de) La Reguera [el día 31 de mayo de 1808). Nadie pidió entonces excepciones y todos leyeron con placer las órdenes que para cerrar todos los sepulcros dio la autoridad y que se leen en el artículo 1 º. del Reglamento. Dice así: "El colector del camposanto cuidará de que todas las iglesias de esta capital empiecen a cerrar sus bóvedas, sepulturas, osarios y los demás lugares de entierro de su circuito, desde el día inmediato a la bendición solemne o aper– tura del cementerio general y lo verificarán en el término de 15 días". Para que todos viesen que era regla general de que todos los cadáveres se sepultaran en el panteón, y que era absoluta, el del último arzobispo fue llevado al camposanto. Las monjas eran lleva-

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