Memorias, diarios y crónicas

146 FRANCISCO JAVIER MARIATECUI das a él; los frailes y clérigos lloraron la pitanza que perdían, pero no tuvieron otra cosa que hacer y callaron y obedecieron. Desde 1808 hasta 1821 el panteón recibió a todo muerto, jamás se come– tió el abuso de enterrar en las iglesias. Por eso ninguno pudo comprender a Monteagudo, cuando en el preámbulo del decreto de 25 de octubre de 1821 dijo: sólo un exceso de preocupación tan contrario a las luces del siglo, como funesto a la salud pública, puede perpetuar el abuso de sepultar los cadáveres en los templos consagrados a la reunión de los fieles y al culto del Eterno. Este preámbulo chocó a todos y todos se rieron de la aseveración del Ministro, que veía visiones, que creía lo que su imaginación le sugería y que suponía existente lo que no existía. Creyeron que el decreto tuvo por objeto sólo dar una idea de que desaprobaba los entierros en las iglesias. Los amigos de la adminis– tración ocurrieron para defenderla a la idea de que algunos pidieron licencia para enterrar los cadáveres en las iglesias, lo que se creyó entonces, y aseguraron que Monteagudo quiso cerrar la puerta a semejantes peticiones. Pero es una verdad que jamás se enterraron los muertos en las iglesias, después de fabricado el panteón. Así no puedo comprender lo que escribe Paz Soldán. "La perniciosa cos– tumbre de enterrar cadáveres en las iglesias, subsistía a pesar de las prohibiciones del mismo Gobierno español; porque entonces la no– bleza o la riqueza bastaban para sobreponerse a las leyes; se prohi– bió, pues, que ningún cadáver [se enterrara fuera del panteón] cual– quiera que fuera el rango que el difunto hubiera obtenido en la sociedad, aun los religiosos". La respuesta a esta palabrería es que no hubo noble, ni rico, ni religioso, ni religiosa, que se enterrasen en las iglesias después de abierto el panteón y que nada hay de cierto en lo copiado. Y si no que el autor cite el nombre del noble o del rico o del religioso que hubiese dado lugar al supuesto abuso. Este abuso existe ahora, porque hubo un Ministro cándido o condescendiente que lo permitió y otros que lo siguieron y que lo sistemaron. Los arzobispos han sido sacados del panteón y traídos a la iglesia catedral; las monjas se entierran ahora en sus iglesias y estos abusos son nuevos e introducidos por los gobiernos del Perú; probando así el atraso en que se hallan algunos de nuestros manda– tarios. Día llegará en que desaparezca.

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