Memorias, diarios y crónicas
148 FRANCISCO JAVIER MARIATECUl subteniente de milicias de infantería de este partido y alcalde provincia~ D. Pedro Yuyas; los síndicos procuradores Dr. D. Mariano Quesada y D. Hilario Gil, que componen el 1 Ayuntamiento de esta población ; se han reunido los señores susodichos en la hora intempestiva y en la casa del señor alcalde de segunda nominación Don Melchor Sevilla, por varias graves razones y siendo entre ellas la que más ha obliga– do a esta junta extraordinaria en tiempo y lugar, eludir el continuo espionaje y las trabas que por ser español europeo el Subdelegado Presidente podría oponer a las miras beneficiosas de esta corpora– ción, si se reun iese en la sala consistorial; resolvieron cautelarlo todo en el modo expresado , y en su consecuencia, después de haber hecho presentes las diversas cartas del Excmo. Señor D. J osé de San l\1artín, General del Ejército Libertador del Perú, escritas a varios individuos de este cuerpo y conferenciado muy detenidamen– te sobre el espíritu de todos sus capítulos e igualmente después de haber balanceado la justicia de la causa que defiende por el cotejo de sus papeles públicos, superiores en todo a los huecos conceptos de los papeles de Lima, convencidos en mérito de todo, de la bue– na causa que defienden las armas patriotas, de que anticipadamente cada uno estaba persuadido; y tratando de dar ejemplo a los demás cabildos de esta provincia, adictos al sano sistema de la libertad e independencia de la América del gobierno español, a que desgracia– damente ha estado sujeta hasta el día por el duro sistema colonial, deseando romper las cadenas opresoras de tan ignominiosa esclavi– tud, por un rasgo generoso y unido de la libre y espontánea volun– tad de este l. Cuerpo, ha resuelto jurar, como de facto jura la inde– pendencia absoluta del gobierno español por sí y a nombre de toda esta población a quien representa, satisfecho hasta la evidencia de ser éste el voto común, subordinándose totalmente al sistema de la Constitución y leyes que el gobierno supremo de la Patria estable– ciese para el arreglo, buen orden y felicidad de todos sus hijos naci– dos en esta América, protestando ante Dios y a la faz de todo el Universo, sostener y defender con sus vidas y haciendas la santa religión que profesa, los códigos y leyes que en lo presente y futu– ro dictase la Patria para el mejor orden y régimen de sus pueblos; previniendo que si este juramento no lo hace con todas las demos– traciones y solemnidad que desea este cuerpo, y en el modo públi– co que correspondiera, no es por otra causa, que la de evitar el escándalo de las opiniones de los jefes militares de esta población, que juzgan contrariar sus votos y juramento, en mérito de total
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