Memorias diarios y crónicas historia de la revolución de la independencia del Perú
108 MARIANO TORRENTE tomado la direccion de Pilima, continuó su marcha hasta que al bajar la cuesta del rio Pilcomayo con la mayor parte de su convoi que consistía en mas de 1.000 acémilas, fue acometida improvisam.ente su retaguardia por mas de 3.000 insurgentes, quienes si bien contaban tan solo con 80 fusiles útiles dieron terribles pruebas de su ciego valor, que se estrellaron sin em– bargo en los firmes pechos de las tropas que trataban de combatir. Vol– vieron al dia siguiente aquellas turbas con nuevos refuerzos á atacar la columna esperada en la estrecha quebrada de la Calera; pero aunque rom– pieron el fuego por varios puntos, fueron sin embargo rechazadas vigoro– samente i puestas en desordenada fuga, abandonando el campo empapado en su sangre. Siguiendo sin interrupcion el general realista su marcha sobre La Plata, halló en la hacienda de Cachllnayo unos 600 insurjentes de la faccion de Padilla preparados á ostruirle el paso, contando con el apoyo de las cuadrillas batidas en el dia anterior, que muí pronto se pre– sentaron por retaguardia é izquierda; pero este imponente aparato no tuvo mas resultado que el de recibir los rebeldes nuevos golpes; i con ellos un triste desengaño de lo infructuoso de sus esfuerzos para arrancar de las sienes de los realistas los laureles que habian sabido asegurar con su valor i constancia. Fue asimismo de la mayor importancia el feliz combate que sos– tuvo á principios de setiembre el coronel don Antonio Vigil, comandante del destacamento de Vitiche, contra los caudillos Gonzalez, Cardo o Fuen– tes i Carreño, á los que trató de sorprender en su campamento á fin de frustrar por este medio los planes de ataque que aquellos tenian concer– tados contra el citado punto. Fue tan afortunado este atrevido movimiento que desordenados completamente los rebeldes huyeron en la mayor con– fusion, dejando 63 cadáveres tendidos en el campo i 50 prisioneros 17 de los cuales fueron pasados por las armas como principales motores de aquella faccion. El coronel Lavin hizo una brillante espedicion desde Tarija hasta las inmediaciones de Baritú habiendo dejado marcados todos lo pasos d su marcha con señales del valor i lustre de las armas de Castilla: brilló su gallardía en el valle de la Concepcion, Pilaya, Orozas, Campanario Chiriguano muerto, i en la encumbrada cuesta de Cullambuyo. Se hallaba ésta defendida por 500 facciosos, quienes sin embargo de lo terrible de su posicion fueron desalojados á las dos horas de fuego, i arrojados á los mon– tes del Porongal. Por todas partes fueron coronadas del mas feliz suceso las armas de la columna del bizarro Lavin; los enemigos quedaron es– carmentados cuantas veces dieron el frente á los realistas. Multitud de ca– dáveres, entre ellos los de los caudillos Lorenzo Ruiz i Mariano Segovia 24 prisioneros incluso el cabecilla Juan de la Cruz Tarraga, algunos ca– ballos, varias armas de chispa i corte, i el rescate de 4 soldados fueron el fruto principal de esta bien dirigida espedicion. No bien habia Lavin descansado de ella cuando hubo de empuñar
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