Memorias diarios y crónicas historia de la revolución de la independencia del Perú

292 MARIANO TORRENTE hahian sido arrollados; á pesar de su arrojo i dec.ision no habian podido resistir al terrible impulso de la caballería de los realistas, ya estos empe– zaban á entonar el himno de la victoria cuando dos escuadrones enemigos que estaban á retaguardia al mando del teniente coronel Suarez, se lanza– ron sobre los vencedores que se hallaban asimismo en el mayor desorden i confusion mezclados con los vencidos. Reunidos estos con aquella masa de bronce que guardaba una per– fecta formacion, cayeron de nuevo sobre los diseminados realistas, los acuchillaron horrorosamente, los obligaron á ponerse en pronta retirada, i les arrebataron el campo de batalla. Todavía conservaba el comandante don Dionisio Marcilla algunos trozos de caballería ordenadamente forma– dos, i esperaba con ellos arrebatar de los rebeldes su inesperado triunfo· pero el general en gefe, que deseaba conservar aquella fuerza como cen– tro de reunion de los dispersos, no juzgó por conveniente permitir este rasgo de valentía i firmeza; i tomando en su vez las mas activas disposiciones para evitar los malos efectos de aquel contraste, emprendió su retirada, esperan– do que mui pronto podria rehacerse de él, i borrar este primer desaire de sus armas. La derrota de Junin tuva la mayor influencia en la suerte del Perú; la caballería, que era tenida por invencible, perdió aquel prestigio con el que estaban embelesados los pueblos, i se desmoralizó en términos que ya no pudieron sacarse de ella ventajas de consideracion. Son responsables por cierto de estas desgracias los que por falta de celo é inteligencia deja– ron de cumplir con lo que exigía el deber. Si el comandante Eguía, que fue encargado de flanquear al enemigo por su izquierda i de servir de .reserva, se hubiera dirigido por el centro cuando vió malogrado su primer movimiento i que la reserva contraria se introducía en el campo, habria .sido irremediable la destruccion de los independientes. El choque sin embargo fue de los mas reñidos i furiosos sin que se hubieran empleado en él otras armas que la lanza i el sable, i tan san– griento, que sin embargo de su cortísima duracion quedaron en el campo de .batalla mas de 600 hombres, entre ellos 19 oficiales españoles i 11 de los in– surjentes con su general Necochea. No fue, pues, la pérdida de 400 caballos .sufrida por los realistas la parte mas sensible para el celoso general que los mandaba, sino la desconfianza que se introdujo en ellos desde que vieron tanta serenidad i firmeza en sus contrarios. Si esta accion se .hubiera ganado habria formado el primer eslahon de la cadena de triun– fos; se perdió, i lo "formó de contrastes i reveses. Bolívar, que apenas vió la primera dispersion de su caballería en dichos llanos de J unin, se puso, segun costumbre, en precipitada fuga ácia .su infantería, creyéndolo todo perdido, recibió á poco tiempo la tan plau– sible como inesperada noticia de la victoria. Habiendo dado treinta i seis .horas de descanso al ejército, se puso nuevamente en marcha, ocupó el

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