Memorias diarios y crónicas historia de la revolución de la independencia del Perú
44 MARIANO TORRENTE btldes en buenas posiciones recibieron con impavidez á los realistas que se dirijian contra ellos en la mayor desprevencion, creyendo que su sola pre– sencia babia de ponerlos en precipitada fuga; i bien convencidos de que en aquel momento iba á darse el fallo irrevocable de su muerte, desple– garon una osadía tan temeraria i un valor tan terco i desesperado, que rompiendo un fuego terrible introdujeron el desorden en los batallones realistas durante el cual recibieron bastante descalabro. Vueltos sin em– bargo de su primer desconcierto atacaron con denuedo, i arrollaron la infan– tería enemiga, pero ésta volvió á rehacerse, luego que su caballería tuvo la felicidad de romper por un flanco, cayendo sobre la escolta que custodiaba el parque, del que se apoderó, introduciendo de nuevo el terror i espanto, i causando á las tropas del Rei la pérdida de 1.000 hombres entre muertos i prisioneros, entre ellos 50 oficiales, 4 capellanes, 7 piezas, 400 fusiles, 3 banderas, i estandarte, i todas sus tiendas i equipages. A pesar de este terrible é inesperado golpe, reunido Tristán con la columna de preferencia que no babia entrado en la accion, se halló mui pronto en estado de obrar ofensivamente, i de caer sobre el Tucuman. Y a á este tiempo se habían replegado á este punto los victoriosos enemigos con sus brillantes trofeos; i aunque les escaseaban las municiones~ de las que no les era fácil proveerse por hallarse sus primeros repuestos á noventa leguas de distancia, desecharon sin embargo con la mayor insolencia la rendicion que les babia intimado Tristán, quien despues de haber per– manecido un dia entero delante de aquella ciudad sin haberse atrevido á empeñar un ataque formal, que por la decision que afectaban los sitiados, amenazaba un nuevo desaire á sus armas, emprendió su retirada, i la veri– ficó sin mas tropiezo que la de ser picada ligeramente su retaguardia por los envalentonados insurgentes. Sumido Tri.stán en el mas profundo dolor al pensar en la funesta fata– lidad de haber sido vencido por un enemigo que contaba poco mas de la mitad de sus fuerzas, i que de ningun modo podía ponérsele en cotejo por la parte de disciplina, pericia i arreglo, hizo alto en Cobos, punto situado entre Salta i Jujuí, i desde alli dirigió sus partes al general Goyeneche, quien desde luego se resolvió á reforzarlo con un batallon i demas ausilios de que necesitaba á fin de que conservase aquellas posiciones. Los enemigos trataron de sorprender á Jujuí, que sabian se hallaba con mui poca guarni– cion, i habiéndose dirigido por un flanco ácia dicho punto, lo atacaron vi– gorosamente obligando al coronel Socasa que lo defendía, á encerrarse con los caudales i municiones en una sola calle, en donde sostuvo con denuedo las impetuosas cargas de los rebeldes hasta que la oportuna llegada de los refuerzos enviados por Tristán lo libertó del inminente riesgo que le amenazaba.
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