Primer Congreso Constituyente

484 PRIMER CONGRESO CONSTITUYENTE puedan abusar del poder que se les confiere y está todo remediado. Así que convengo fácilmente en que sean tres los de la comisión, y estoy en que preponderan las razones para preferir, por ahora, este expe– diente. No ~uzgo de la misma suerte en cuanto al turno que se ha propues– to entre los individuos del Congreso; porque ignoro qué ventajas puedan resultar de ello al bien del Estado, y veo, al contrario, muy graves incon– venientes. De contado, alternándose ·1os diputados en el gobierno, sería introducir en el Congreso una grande tentación de aspiraciones indivi– duales, porque [no tenemos por qué disimularlo] somos hombres, y la ·representación de que están unos investidos, a ninguno ha purgado de sus pasiones. No es preciso decir más: el Soberano Congreso libra sin duda su respeto en su desinterés y en su imparcialidad. ¿Y tendrían todos iguales disposiciones para el mando? Señor: no es lo mismo tener luces para sancionar leyes, que tener aptitudes para gobernar. La ciencia práctica del gobierno es cosa muy diversa, es muy ardua; y entre muchos que estén llenos de teorías políticas siem– pre será difícil hallar algunos capaces de aplicarlas a la práctica, y de manejar los negocios con igual acierto. Esto mejor que yo lo conocen los versados en las cosas de la administración pública. Los pueblos al elegir a sus representantes atendieron al patriotis– mo, a las virtudes sociales de los elegidos, y a su suficiencia relativa– mente a la confianza que en ellos depositaban. Pero ¿no podrá afirmar– se sin temeridad que habrían atendido a otras consideraciones más, sa– biendo que su elección había de designar individuos para el mando? Por otra parte, el gobierno necesita un sistema arreglado y soste– nido de las providencias, una incubación tenaz en los medios de efec– tuarlas: mucho más en el actual estado de guerra. Pues varíese de co– misionados: pase de una a otras manos el gobierno cada mes o cada meses, o como se quiera, pues no deberían retraerse más tiempo las nuevas elecciones, supuesto el tumo. ¿Qué sucedería en este caso? El orden de las providencias variaría con los individuos según el ca– rácter y las aptitudes de los nuevamente elegidos: no sería fácil que sostuviesen el plan de administración principiado por sus antecesores; acaso reprobarían los medios que hallaron adoptados; que aún dado que quisiesen caminar por las huellas que hallaron trazadas, es de te– mer que el tiempo limitado de su gobierno fuese corto para imponerse del estado de los negocios que debían continuar. Tampoco debemos olvidar la poca o ninguna consideración que se granjearía el gobierno, supuesta esta variación de individuos, a~í en– tre los estados vecinos y entre las naciones con quienes haya de man-

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