Primer Congreso Constituyente

488 PRIMER CONGRESO CONSTITUYENTE están siempre expeditas las soberanas facultades del Congreso, aun cuando hoy se decreta otra cosa; siendo por lo tanto inútil fijar otro tiempo · para la duración de la comisión, que el que está enunciado en la decisión de la primera proposición; El señor Sánchez Carrión -Debiendo administrar el poder ejecutivo una comisión del seno del Congreso, el tiempo de su duración y el nú– mero de individuos que la compongan, son puntos que demandan la ma– yor circunspección. Si turna periódicamente la elección, ya podemos pensar, desde aho– ra, en el modo de impedir la disolución del Congreso; porque se reali– zarían sin remedio las escenas de la Convenci6n, a pesar de nuestro ca– rácter pacífico, que cü~rtamente nos abandonará, luego que se dé lugar al espíritu de partido. Los hombres, para entregarse a éste, no necesi– tan más que desear ser y contar con algunos elementos disponibles a su vez. Y ¿quién, generalmente hablando, no aspira a mandar...? No nos engañemos: la esperanza de ser elegidos mañana llevará hoy nues– tro sufragio a la urna en favor de éste, y así sucesivamente. He aquí el genio desorganizador, y la intriga, y la bajeza, y todas las pasiones en tumulto. Por lo demás, la comisión debe ser, cuando menos, de tres indivi– duos. El despotismo es tan congénito a los hijos de Adán, como natural a los graves su tendencia hacia el centro de la tierra; de que ha resul– tado, como práctica inalterable en los estados libres, disminuir por todrn; los medios posibles la fuerza arbitraritL del poder: que lisonjear– se de extinguirla radicalmente es un engaño. Ahora bien ¿dónde apare– cen más obstáculos para traspasar la ley, mandando uno ·solo o tres? En la segunda hipótesis es necesario se combinen uniformemente tres vo– luntades, tres temperamentos, con la determinada resolución de opri– mir, lo que es difícil, atentas las circunstancias de desigualdad que advertimos en los hombres. Y si ha habido triunviratos, cuyos nom– bres horrorizan, también sabemos que su desavenencia mutua los ha destruido; lo cual ya es una ventaja, con respecto a la unidad, que ca– si siempre se ha encanecido y aún tocado la decreptitud en su adorado imperio. Se ha observado que el gobierno de uno es más activo y eficaz. Si tratar a la raza humana como a la de las bestias es mandar, de cierto que la actividad y la eficacia de uno solo son incomparables. ¡ Qué pronto se va al cadalso... ! ¡Qué bien se encubre una tramoya con- tra el honrado ciudadano... ! ¡ Qué divinamente se consuman los mis- terios... ! Señor, la libertad es mi ídolo, y lo es del pueblo; sin ella

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