Relaciones de viajeros

RELACIONES DE VIAJEROS 213 cada uno de ellos; forman sin embargo una ancha calle con una especie de plaza y con la iglesia en el centro. La forma de construir los ranchos en Puerto Balsa, es comple– tamente diferente de los de la costa. Con la excepción de la Iglesia y las casas del Gobernador y del Párroco, que estaban enyesadas y la última dividida en varias pie– zas, los ranchos de Puerto Balsa están constituidos por un solo cuarto de veinte a treinta yardas de largo y con un ancho de cer– ca de un tercio de largo. Los costados son de delgados bambúes de seis o siete pies de largo colocados verticalmente muy juntos, pero que por su desigualdad permiten ingresar luz y aire. Los techos son de hojas o ramas de palma, las hojas de un lado del tronco se doblan hacia atrás, de modo que aparecen dobles, y se colocan tres ramas, una sobre otra, en el techo. Los techos están apoyados sobre pilares clavados en el suelo con troncos amarrados a ellos juntándose hacia arriba de modo que algunos ranchos tienen de veinte a treinta pies de alto en la parte central del techo mientras que los costados no más de seis o siete. Los techos requieren ser renovados cada tres o cuatro años, y no son a prueba de agua du– rante la fuerte estación lluviosa. No tienen ventanas, ya que las desigualdades de los bambúes que forman las paredes admiten su– ficiente aire y luz. Las puertas están hechas de bambúes amarra– dos en lugar de estar fijados al suelo. Estos ranchos exteriormente dan impresión de limpieza y el interior de aquellos que vimos es igualmente limpio. Tienen pocos muebles, excepto unos cuantos utensilios para cocinar y hamacas de paja y cuatro o cinco parejas viven en cada rancho. Seguimos el camino un poco más allá del pueblo, descubrien– do que la región no estaba completamente cubierta de bosque. Ha– bía algún ganado de buena condición pastando, y se nos explicó que pertenecía al gobernador anterior. Como era cerca de la pues– ta del sol, encontramos algunos indios que regresaban a sus cha– cras. Los hombres llevaban sus pucunas en la mano y canastas lle– nas de fruta, etc., en sus espaldas. La mayoría de ellos llevaban también suspendidas del cuello distantas plumas coloreadas, rojas y amarillas. Las cargas de las mujeres parecían ser más pesadas que las canastas y pucunas de los hombres. Hombres y mujeres te– nían la cara y varias partes del cuerpo teñidas de rojo y púrpura, lo cual, agregado a que sus figuras no son muy buenas, su tez os– cura y el cabello largo, de hombres y mujeres, les daba una apa-

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