Relaciones de viajeros

214 ESTUARDO NU~EZ rienda salvaje pero eran muy amistosos en sus modales y la ma– yoría nos saludaron al cruzamos. Bien fuera debido a tanto vadear que provocó que la san– gre subiera a nuestras cabezas, o al gran esfuerzo y tensión de los músculos, no pudimos dormir profundamente a pesar de estar muy fatigados y por la mañana los músculos de la piernas del se– ñor Hinde y mías, estaban muy hinchados. Como aquí se observa el domingo como día de suspensión de labores, los indios estaban pintados en su mejor forma, con ves– timentas en blanco albo o azules, con su cabello ornamentado con unas cuantas plumas azules y rojas y amarrado en cola en la nu– ca. Se reunieron a una hora temprana y se dirigieron calmada y respetablemente a la iglesia, donde permanecieron por media ho– ra aunque no había clérigo que oficiara el servicio. Habiendo re– gresado en forma similar, se inició la diversión favorita del día, bailar con música de los tambores y pífanos hechos de hueso, mientras que a ratos libaban generosamente chicha de yuca mas– cada. Los tintes con que se pintan eran considerados como orna– mentos de primera clase: algunos tenían rayas rojas o diaman– tes en su frente; otros una raya roja bajo cada ojo y algunos es– taban con los labios pintados. Se usaba un tinte púrpura como sustituto de los bigotes y barbas, mientras que las mujeres se pin– taban botas del mismo material. Un asistente del curaca, alto y grueso, que parecía ser considerado como uno de los más atracti– vos del grupo, tenía una raya roja bajo cada ojo y plumas ama– rillas y rojas en su cabello. Había algunos otros asistentes del cu– raca con un símbolo del cargo representado por una pequeña va– ra con la que aplicaba castigo a sus compañeros cuando el cu– raca lo tenía por conveniente; no consideraban mermada su dig– nidad al unirse al entretenimiento general, sino que al contrario, eran músicos yendo de rancho en rancho, tocando alegremente hasta el anochecer cuando la chicha produjo su efecto, y algunos, no exceptuando mujeres, estaban embriagados. Durante el día regresó el propio de ver al gobernador pero sin traer ninguna respuesta a nuestro mensaje. El lunes por la mañana todas las mujeres del pueblo se reu– nieron en la plaza para saber qué trabajo tenía que cumplir, ya que había una ley que los obligaba a trabajar por cierto tiempo manteniendo el pueblo limpio o en aquello que el gobernador con– sideraba necesario durante los tres primeros días de la semana. Em– pleamos el día en airear nuestras ropas etc., porque habían sido dafiadas por los indios en los vadeos, y en reunir información so-

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