Relaciones de viajeros
220 ESTUARDO NUÑEZ arena, mientras que sus ramas eran escasamente visibles en algu– nas partes, excepto por las huellas que dejaban en la corriente que se deslizaba a un promedio de cuatro a cinco millas por hora. Alrededor de las cinco de la tarde, habiendo viajado cinco o seis leguas desde Puerto Balsa, y como los obstáculos que presen– taban los árboles semienterrados no nos permitían viajar de no– che, varamos en una "playa" (un banco seco de arena), en la cual cocinamos nuestra comida y depositamos las canoas. Los indios durmieron en la playa bajo pequeñas carpas para alejar los mos– quitos, hechas de tucuya [tucuyo], el cual suspendían de palos cla– vados en la arena y, como se nos dijo después, para alejar tam– bién a algunos animales salvajes mayores. No puedo garantizar la verdad, pero al expresar nuestra sorpresa de que los indios dur– mieran en las playas, se nos dijo repetidamente que bajaban bes– tias salvajes y de las que con cierta frecuencia vimos huellas de marcas recientes, y nuestros informantes añadieron que si ningu– na parte del cuerpo, manos, etc., se ponía afuera de la tienda, los tigres se acercarían y caminarían alrededor, sin molestar a los durmientes, pero si un pie o una mano fuera visible, el resultado posiblemente sería lo contrario. El Sr. Rinde y yo dormimos en las canoas, en parte porque las consideramos mejores camarotes y en parte para evitar el caso de que los indios intentaran una trampa, lo cual, nos habían informa– do no era improbable; y además para estar listos a partir tempra– no en la mañana. Los indios parecían satisfechos de tener lo sufi– ciente para comer; y la única dificultad que tuvimos durante la noche, se debió a los mosquitos, aunque no se habían constituido todavía en problema serio. Entre las cinco y las seis de la mañana del día 16, hicimos ,levantar a \ los canoeros, y nos lanzamos al río. Alrededor de las nueve llegamos a una chacra de azúcar perteneciente al cuña– do del intendente de Moyobamba, y paramos para ver si podía– mos comprar algo de azúcar para usarla con nuestra cocoa. El mo– lino trabajaba moliendo caña, pero era muy rudimentario y no funcionaba bien, de modo que la caña tenía que ser pasada varias veces y aún no parecía haber sido suficientemente molida. Los ro– dillos estaban hechos de madera dura y pesada que crece en la Montaña, cuya corteza es lisa y de color púrpura y entiendo que se llama "palo mulato". Los rodillos estaban colocados horizontal– mente y habiendo sólo dos, cada uno actuaba como el eje de una rueda de engranaje que era accionada por un hombre que cami– naba en círculo a su alrededor. El jugo de la caña corría por ca-
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