Relaciones de viajeros

RELACIONES DE VIAJEROS 223 y cubiertos con hojas de palma; también después de cocinar quita– ron el fogón del sitio donde había estado cerca de su tambo, y sa– caron de las canoas sus pucunas y flechas envenenadas. Al mo– mento supusimos que era en precaución de ser perturbados por bestias salvajes. El señor Hinde y yo dormimos en las canoas, pro– tegidos de la lluvia y nada nos perturbó. A las cinco de la mañana proseguimos y alrededor de las ocho pasamos algunos ranchos en la márgen derecha del río, llamada Viejo Muniches. Había un cla– ro, quizás de un cuarto de milla de longitud, en el cual se veía paciendo ganado de buena calidad. No bajamos. Entre la una y las dos de la tarde llegamos a Nuevo Muniches, o, como generalmente se le llama, Muniches. Nos decidimos a vi– sitar el pueblo, preguntamos por el gobernador, quien al igual que en otros pueblos del bajo Moyobamba, es oficialmente llamado Subteniente. Era muy educado pero no tenía mucha información. Dijo que el distrito producía maíz, yucas, plátanos, un poco de ca– fé, cascarilla y bálsamo capivi. Los indios del pueblo estaban ocupados al momento recolectando cascarilla para el intendente de Moyobamba. El pueblo era limpio. Los ranchos se parecían a los del Puerto Balsa; y había una iglesia, pero sin clérigo resi– dente. Compramos dos cabezas de plátanos por un real y compré el papagayo del gobernador por un peso. Poco antes de la puesta del sol llegamos a la confluencia del Cachi-Yaco con el Huallaga, y nos pusimos muy contentos al encontrar que este último era un río mucho más grande. Sondeé el lugar de la confluencia, y había tres brazas de agua. La relación sumaria del Cachi Yaco, es así: antes de llegar a Puerto Balsa lo vadeamos tres veces, la última vez tenía tan poca profundidad que apenas mojaba mi chaqueta al cruzarlo. De Puerto Balsa hasta su unión con el Huallaga, la distancia, siguiendo sus diversas curvas, creo que es alrededor de cien millas. La corriente en la época que descendimos, cuando había comenzado la estación de la lluvia, debía ser en promedio cuatro millas por hora; en algunos lugares un poco más. La profundidad del agua es muy re– ducida; en ningún momento hemos alcanzado más de una braza, aunque no lo considero navegable por los numerosos bancos y ár– boles que han sido arrastrados y están semienterrados en la arena, con algunas de sus ramas sobresaliendo en el agua, más que por canoa y otros botes de pequeño tamaño. Su curso al de– jar Puerto Balsa y acercarse al Huallaga, forma meandros casi en círculo completo; entre estos extremos sus curvas son m..,nos

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