Relaciones de viajeros
356 ESTUARDO NlffiEZ cuado para permitir el montaje de cañones, y parece evidente que fue concebido sólo para proteger la ciudad de las incursiones de los indios o para evitar ser sorprendidos por ellos. De acuerdo con Frezier, cuyo plan, tanto como la descripción del lugar, encontré ser extraordinariamente correcto, fue construida la muralla en 1685 por Juan Ramón Koenig, un sacerdote flamenco, durante el virreinato del duque de la Palata. La muralla está hoy día muy descuidada y sin reparar, pero el desaprensivo estado del país parece haber creado alguna justa alarma entre los españoles y el Marqués de la Concordia ha orde– nado que sean restauradas varias portadas y la muralla a fin de ponerla en adecuado estado de defensa, pero el estado de gran desorganización impide el que ello pueda ser efectivo en un plazo razonable. No conserva ninguna clase de foso, o de trabajo exterior. A cerca de 150 yardas, o una cuadra del puente, está la plaza principal, en el centro de la cual están los restos de una elegante fuente de bronce. Varios de los leones que la adornan así como par– te de la estatua, todavía permanecen. El agua es elevada hasta una altura considerable y la fuente es suficientemente espaciosa como para que el agua caiga dentro de su margen. Al lado Este de esta plaza está la catedral y el palacio arzobispal. La residencia del Vi– rrey ocupa el lado Norte; el Oeste está ocupado por la Corte de Jus– Licia, casa del Cabildo, y la cárcel, con una fila de arcadas que son continuadas a través del lado Sur y existen bajo las arcadas tiendas de variada índole. Existe un mercado que ocupa esta plaza pero el cual no puede calificarse con ninguna excelencia particular. La catedral no posee mayor belleza externa, pero el esplendor, la magnificencia y la riqueza del interior pueden bastar por sí so– los. Los palacios encantados que se describen en los cuentos de hadas, volvieron a mi memoria en el instante en que entré al ele– gante santuario. El altar mayor, construido en el extremo Este, es moderno, y las columnas, numerosas como son, junto con todas las otras partes, están cubiertas con plata del grosor de un peso Y cuando están alumbradas para la ejecución de cualquier ceremonia particular, su belleza y brillante q.pariencia no puede ser superada. Don Matías Maestro, un sacerdote, fue el arquitecto. Este también ha sido pintor de considerables méritos. Los diferentes al– tares situados a cada lado, son iguales al altar mayor en riqueza lo mismo que en belleza. La iglesia de San Agustín, puede ser conside– rada en segundo puesto por su magnificencia, pero osaré decir que muchos la tienen por superior a la catedral. Todos los altares están sobriamente adornados, siendo varios de ellos de valor incalculable, pero principalmente uno erigido enteramente a expensas de los pla-
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