Fénix 46, 227-231
–229– B iblioteca nacional del perú todos los campos del saber, convirtiéndose en un espacio muy rico de ideas. Alguna vez Próculo organizó una de estas reuniones literarias en la ciudad de Nicomedia. Quienes compartían con ellos eran los sofistas de paso, algunos grupos de estudiantes, gente in- teresada en la literatura y los libros. Próculo era un hombre sabio y de gran cultura que reunía a sus invitados en los jardines «al borde de una fuente consagrada a Pan». 3 Una de las personas con las que Adriano se sintió más cercano e identificado fue con la emperatriz Plotina, esposa de su primo el emperador Trajano. Esta era una mujer de amplia cultura y compartía con Adriano el interés por el conocimiento, su amor por los libros y las artes. Ambos pasaban horas interminables conversando sobre grandes autores de la literatura, tanto de los clásicos griegos como de los romanos. Esta costumbre entre Adriano y Plotina continuó aun después de la muerte de Trajano; la emperatriz viuda seguía recibiendo al nuevo emperador en su modesta casa entregán- dose a las bondades de la lectura y los libros, meditando sobre las enseñanzas de sus contenidos. 4 EL EMPERADOR Y LOS LIBROS: LA IMPORTANCIA DE LAS BIBLIOTECAS Adriano era un amante de las bibliotecas. Para él que preveía el advenimiento de una época de oscurantismo espiritual, se hacía necesario cultivar al hombre con el fin de dotarlo del conocimiento necesario para pasar una dura prueba durante las épocas difíciles en las que la ambición del hombre pervierta o impida su deseo de actuar sabiamente en beneficio de la humanidad. Por ello, consideraba de vital importancia fundar bibliotecas tanto «como graneros públicos», 5 es decir, poner a disposición de los ciudadanos el conocimiento universal. La ruta preferida de Adriano era siempre regresar a Grecia. Cada vez que volvía a verla le parecía más hermosa. Hallamos entonces perfectamente comprensible que Adriano donara una biblioteca a la ciudad de Atenas construida con un lujo impresio- nante en alabastro y oro, a la que dotó de todas las comodidades inimaginables para la época como calefacción, asientos cómodos, lámparas y ambientes amplios que permi- tieran la paz y la quietud que una biblioteca necesita para darle, a los que acudieran a ella, posibilidades de meditación y reflexión. El emperador concibió la idea de construir la biblioteca llamada el Odeón, a la que habría dotado de salones de clase y de conferencias, con el interés de convertirla en un 3 Óp. cit., p. 129. 4 La relación que sostuvo Adriano con Plotina se afianzó a lo largo de los años, desde que este fuera uno de los generales del ejército del emperador Trajano hasta convertirse con el paso del tiempo en una amistad íntimamente pura. Mucho después de la muerte de Plotina, Adriano mantenía una especie de veneración y respeto por ella, razón por la cual fundó una ciudad en su honor llamada Plotinópolis, motivado por el «[...] tierno deseo de honrar a Plotina». Nunca pudo olvidar a esta mujer que fue su mejor amiga y protectora. 5 Óp. cit., p. 107. Fénix: Revista de la Biblioteca Nacional del Perú. N.46, 2017
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