Fénix 48, 161-178
167 F énix . R evista de la B iblioteca N acional del P erú , N.48, 2020 es porque no solo es su frase, sino también es la frase de otros hombres capaces de leerla, es una frase universal. Algunas palabras, algunas frases, un poema, perfec- tamente pueden resonar en nosotros durante toda una vida. Cuando una palabra surge, algo ha muerto, la idea de donde ella venía muere al ser escrita: ella carga con esa muerte y deja un rastro imposible de seguir hasta su origen. La literatura permanece en ese espacio oscuro de donde la palabra emerge. La litera- tura permanece, según Blanchot, en la tumba de Lázaro y de esa muerte nacerá la pa- labra, la única que podrá ver el día o su propia resurrección. La palabra es ese vestigio que testimonia la permanente muerte de la literatura y el nacimiento del lenguaje. Las palabras actúan como un poder oscuro que permite que las cosas se vuelvan realmente presentes fuera de ellas mismas: «el poder prodigioso de lo negativo» (Blanchot, 2007, p. 292). Juntamos las palabras, las ordenamos desde el caos que se presenta en nuestra mente, y cuando aparece una obra, en el momento en que se tiene una obra, se tiene a un escritor. Antes de eso el escritor no existe, la luz de la palabra no solo ha iluminado la oscuridad del espacio donde habitaba la literatura sino también ha iluminado a un artista de la palabra. Literatura o muerte Del mismo modo que la literatura habita un vacío y un silencio; el escritor, como ser humano que enfrenta su existencia, también responde a un vacío propio. El desenca- denamiento de la obra es por lo general —a veces de manera más dramática, otras veces de manera más solapada— un hueco, un silencio, un blanco que el escritor deberá llenar con su historia, con su poema. Un espacio donde dejar una marca. Es mucho más que una metáfora: «el vacío es realmente la génesis de la escritura» (Montes, 2001, p. 78). El escritor se propone a soportar ese vacío por medio del ejercicio de su libertad creadora. Un impulso revolucionario lo hace escribir. Blanchot nos dice que «todo es- critor que, por el propio hecho de escribir, no es llevado a pensar: soy la revolución, so- lamente la libertad me hace escribir, en realidad, no escribe» (2007, p. 306). El propio acto de escribir lo libera. La metamorfosis que promueve en las palabras lo libra de la esclavitud a la que estaba sometido en ese vacío. Crea mundos sin restricciones, como el Marco Polo de Calvino encantando a Kublai Khan con sus ciudades invisibles 3 . Él instala una nueva ley en ese mundo. Niega el vacío, niega el silencio para volverse todo lo que su existencia pasajera como ser humano le ha negado ser: en este mundo es el señor de todo. La acción revolucionaria del escritor es la misma que encarna en la literatura: un pasaje de la nada al todo. De la nada emerge la literatura; el lenguaje, las palabras que 3 Las ciudades invisibles es un texto del escritor italiano Ítalo Calvino en el que se cuenta el encuentro entre Marco Polo, viajero, y Kublai Khan, rey de los tártaros y heredero del gran Gengis Khan, donde el viajero describe al rey sus ciudades invisibles hasta el momento en que el mismo Kublai Khan toma la posta y empieza a imaginar y narrar la historia de esas mismas ciudades. Juan José Magán Joaquín
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